DEMANDAMOS POLÍTICAS DE INCLUSIÓN REAL EN CATALUÑA Y MECANISMOS MÁS FIRMES PARA SANCIONAR LOS DISCURSOS DE ODIO Y LA DISCRIMINACIÓN RACIAL EN CUALQUIER ÁMBITO DE NUESTRA SOCIEDAD
Hace casi sesenta años que la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció el 21 de marzo como el Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial, una fecha de concienciación en respuesta a la masacre de Sharpeville de 1960, en la que la policía sudafricana mató a 69 personas que protestaban pacíficamente contra la ley de pases del apartheid en Sudáfrica.
La discriminación racial sigue siendo una de las grandes lacras de nuestro tiempo. En Estados Unidos, España, Cataluña y otros lugares del mundo, los discursos racistas y de odio se propagan peligrosamente sin control, criminalizando a personas por su origen racial o étnico.
En Estados Unidos, la población migrante es víctima de un sistema que la persigue, la criminaliza y la rechaza. Donald Trump, utilizando una retórica hiperbólica y falsa, invocando la raza y el nacionalismo, impone medidas que dividen la sociedad y violan los derechos humanos y civiles. Mientras se construyen muros físicos y burocráticos, se legitiman discursos de supremacía blanca que alimentan el racismo estructural y olvidan que esta nación se ha construido sobre la diversidad y la inmigración. Los pueblos originarios de América fueron los primeros habitantes, pero la colonización los desposeyó y discriminó. Paralelamente, millones de migrantes procedentes de todo el planeta han contribuido al crecimiento económico y cultural de Estados Unidos aportando mano de obra, conocimiento y cultura.
En la Unión Europea, en los últimos años la extrema derecha y la derecha radical populista han experimentado un crecimiento notable capitalizando preocupaciones sobre la inmigración, la seguridad y la identidad nacional. Partidos como el Rassemblement National en Francia, la Lega en Italia y Fidesz en Hungría han ganado influencia política, adoptando a menudo posiciones contrarias a la inmigración y promoviendo políticas que niegan libertades fundamentales, restringen la entrada de población migrante y la acogida de personas que solicitan asilo o refugio. Patriotas por Europa (alianza de la extrema derecha integrada por doce partidos políticos, entre ellos VOX) representa una grave amenaza con su agenda racista, que pide el cierre de fronteras, la destrucción de políticas de integración y la criminalización de la inmigración. Si ganan influencia en el Parlamento Europeo, profundizarán en la exclusión social y fomentarán el odio racial desde las instituciones, con políticas excluyentes que vulneran derechos fundamentales y precarizan aún más la vida de millones de personas migrantes y racializadas.
En Cataluña, tierra que también se ha construido con las aportaciones de muchas culturas, algunos partidos políticos utilizan estas mismas estrategias y crean un relato falso que asocia de forma generalizada la inmigración con la delincuencia y la masificación. Sus discursos alimentan a la ultraderecha y son una lacra que fractura la convivencia y la cohesión social.
Desde AMIC-UGT de Cataluña rechazamos con contundencia estas narrativas y denunciamos que detrás de ellas puede esconderse un objetivo claro: deshumanizar a las personas migrantes y perpetuar la precariedad laboral y social que padecen, generando situaciones de explotación y exclusión en lugar de una verdadera acogida e integración.
El sindicalismo de clase siempre ha estado a la vanguardia de la lucha contra la discriminación racial, defendiendo los derechos laborales y sociales de todas las personas trabajadoras, independientemente de su origen. Desde AMIC-UGT de Cataluña reafirmamos nuestro compromiso en la lucha contra el racismo estructural.
Exigimos:
- Políticas de inclusión real y mecanismos más firmes para sancionar los discursos de odio y la discriminación racial en cualquier ámbito.
- La acogida de menores migrantes en situación de desamparo y vulnerabilidad. Los menores tienen derecho a ser protegidos. Es necesario respetar los derechos humanos de los niños y adolescentes migrantes, así como la solidaridad ante el drama que viven muchos de estos jóvenes tanto en su país de origen como en los centros de acogida de Ceuta y Canarias.
No podemos normalizar esta deriva autoritaria y xenófoba: hay que combatirla con determinación y defender una Europa y una Cataluña justas, diversas y respetuosas con la dignidad humana.